Enamorada de ti – 3ª parte

La semana pasó sin inconveniente ninguno, Marta parecía repuesta de su crisis de ansiedad por el mal de amores y las chicas tenían un muy buen ambiente de trabajo en la clínica. Hasta que llegó la noche del viernes.

– ¡Marta! ¡Estás espectacular! — gritó Sara al ver salir a su amiga de su habitación

– ¡Tía buena! — gritó Lucía haciéndola reír — yo sé de uno que esta noche va a tener que darse una ducha fría

Marta llevaba un sexy vestido de color dorado que realzaba el tono de su piel, se había hecho un recogido informal y unos mechones de pelo suelto alrededor de la cara le daban un aspecto más sensual aún si cabía, también llevaba sus sandalias de tacón alto. Iba a responder a su amiga cuando sonó el telefonillo provocando que ella se ruborizase y sus amigas se sorprendiesen, no esperaban a nadie.

– Chicas, lo siento, pero esta noche no os acompañaré, tengo una cita — dijo mientras se encaminaba hacia la cocina para responder al timbre — bajo en un segundo Gaby — dijo ante la sorprendida mirada de sus amigas — tenéis razón, no puedo seguir pensando en Isaac, es hora de seguir adelante — suspiró y enfrentó sus miradas — sin él. La otra noche le dejé muy claro que nuestra amistad se había terminado para siempre, me duele demasiado verle, por lo que… — el timbre volvió a sonar — lo siento, tengo que irme. Os quiero, portaros bien y divertíos

Pasó entre sus amigas y cogió su gabardina negra del perchero y su bolso de mano y salió disparada del piso. Tanto Sara como Lucía necesitaron unos segundos para reaccionar. Marta las había dejado mudas de la impresión. Se miraron la una a la otra sin poder dar crédito a lo que había ocurrido. Su amiga las dejaba plantadas por un hombre y ese tío no era Isaac. Jamás pensaron vivir este día.

Intentaron sobreponerse a la sorpresa inicial y tras unas bromas llegaron a la calle, donde ya las esperaba el taxi que las llevaría hasta el restaurante, las dos estaban deseando ver la cara que ponía Isaac al ver que Marta no iba con ellas y aunque no era muy ético, sobre todo por parte de Sara, las dos amigas se alegraron de que probase su propia medicina.

Efectivamente cuando llegaron al restaurante la pregunta más escuchada fue: “¿dónde está Marta?” Y su respuesta siempre era la misma: “tiene una cita”. Las caras de los camareros eran un poema, pues todos estaban al tanto de que entre su jefe y Marta ocurría algo más que una simple amistad.

Para sorpresa de Marta, estaba disfrutando de la velada. Cuando aceptó salir a cenar con Gaby no las tenía todas consigo, había aceptado sólo para demostrarse a sí misma que era capaz de hacerlo, que podría cenar con otro hombre sin tener la sensación de estar engañando a Isaac. En el fondo no lo creía posible, pero iba a intentarlo. Curiosamente, Gaby resultó ser un hombre encantador y le hizo muy llevadera la velada.

Disfrutaron de una deliciosa cena, tomaron algunas copas de vino y cuando él pidió la cuenta, Marta se sorprendió a sí misma no queriendo dar por finalizada la cita. Por primera vez en muchos años, sentía que el hombre que la miraba, la veía realmente y no quería que esa sensación la abandonase tan pronto.

Marta llegó a casa en un desconocido estado de felicidad. La cita había sido perfecta, una cena increíble con una conversación de lo más interesante, después una más que agradable charla mientras disfrutaban de unos cócteles increíbles y para ponerle el broche final habían bailado hasta no poder más. Y para su sorpresa, la llevó hasta su casa y le dio un suave y dulce beso en los labios antes de prometerla que la llamaría al día siguiente.

Isaac no podía creer lo que estaba viendo. Marta, su Marta estaba bajando del coche de un desconocido con pinta de capullo enfundado en traje. ¿Dónde coño habían estado? ¡Eran casi las cuatro de la mañana! Jamás en su vida se imaginó que viviría esta noche. Él esperando en la oscuridad como si fuese un acechador a que una mujer que no le importaba lo más mínimo regresara a casa.

Estaba furioso, contaba mentalmente los segundos para que esos dos se dejaran de tonterías y él se largase por donde había venido. Tenía claro que iba a tener una conversación de lo más tensa con Marta… ¿en qué cabeza cabe que se tome esas confianzas con un desconocido?

Continuará…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha