Enamorada de ti – 1ª parte

El verano era la época favorita de Sara, Marta y Lucía, cada una tenía sus motivos y como cada viernes por la noche, Sara, Marta y Lucía se reúnen en el restaurante del hermano mayor de Sara para tomarse unas copas y reírse a carcajadas mientras disfrutan de los deliciosos platos que les prepara Isaac. Y este viernes no es una excepción. Empezaron con esa costumbre mientras aún estaban en la universidad, donde se conocieron las tres amigas.

– Oye Marta, ¿qué tal te fue en la comida? — preguntó Sara llena de curiosidad justo cuando Isaac les está sirviendo la cena

– ¡Oh Isaac! Esto tiene una pinta estupenda, gracias — dijo ruborizándose e ignorando totalmente a su amiga

– Espero que lo disfrutéis preciosas — les dedicó una preciosa sonrisa que provocó que Marta le mirase embobada

– ¡Eres increíble! — regañó Marta a su amiga en cuanto se quedaronn solas — ¿tenías que decirlo delante de él?

Sara y Lucía no podían dejar de reírse a carcajadas, desde el primer año de universidad, Marta estaba obsesionada con Isaac. Las chicas se conocieron en verano mientras buscaban piso, el azar quiso que se encontrasen y siguiendo un impulso empezaron a vivir juntas. Ese año, el mes de Agosto fue un infierno y  un fin de semana que el hermano de Sara no había tenido una buena noche se quedó en el piso de ellas. A la mañana siguiente, Marta le vio salir de la ducha y desde ese momento no había podido pensar en otra cosa, o al menos, esa había sido la versión oficial.

– Marta, sabes que te quiero, pero te lo he dicho mil veces… mi hermano lleva una vida que no te conviene, necesitas encontrar a un hombre que te merezca, mira, por mucho que quiera a Isaac él no es para ti, tú vales mucho más — le dijo con todo el cariño que sentía por ella

– En algún momento vas a tener que empezar a olvidarle cariño — intervino Lucía — ya hace seis años que estás colgada con él y te estás perdiendo grandes oportunidades

– Vosotras no lo entendéis — suspiró y tuvo que morderse la lengua para no empezar a hablar más de lo que debía

Esa noche, la cena duró casi cinco horas, de hecho, se fueron cuando Isaac estaba cerrando el restaurante. Y como era tan tarde, decidió acompañarlas a sus respectivos pisos, Lucía y Marta aún compartían casa, Sara llevaba casi un año viviendo con su prometido ya que se casarían al verano siguiente.

Primero dejaron a Sara que estaba bastante achispada, las tres se pasaron bebiendo durante la cena. Después de la sesión de besos, abrazos y miradas cómplices entre ellas, Marta, Lucía e Isaac fueron hasta su siguiente destino.

Lucía les dejó solos para subir corriendo, pues las nauseas se habías apoderado de ella. Tras unos segundos en los que no podían dejar de reir, Isaac no le quitaba los ojos de encima a Marta. Desde aquella noche había estado obsesionado con ella, pero era la mejor amiga de su hermana y él no era precisamente un buen partido, lo de la fidelidad no iba con él, no creía ni en la monogamia ni en los compromisos a largo plazo y desde luego no se veía compartiendo su vida con una mujer. Le gustaba demasiado su libertad. Pero no podía evitarlo, desde aquella noche, el verano era su época favorita del año.

– Estás preciosa Marta — le dijo de pronto y ella dejó de reir

– Por favor… no lo hagas Isaac, ya hemos pasado por esto

– Venga… no puedes seguir enfadada conmigo

– No estoy enfadada contigo, es sólo que las chicas no saben nada y quiero que siga siendo así

– Sólo te he dicho que estás preciosa, no te he pedido nada — dijo molesto, siempre la misma conversación — eres una mojigata ¿lo sabías?

Dio un paso hacia delante quedándose a menos de un par de centímetros de ella, se inclinó un poco y casi podía rozar sus labios, Marta no podía respirar, sentía que el corazón le latía a mil por hora y de repente ya no existía nada más a su alrededor. Sólo él, siempre había sido él. Ella creyó que sería un amor de verano, pero se había convertido en un amor platónico. Cuando Isaac la sujetó de las caderas con la clara intención de besarla, Marta recuperó el sentido común.

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