Aaron y Michelle 2º capítulo

De nuevo arropada por la seguridad que mi casa me ofrece, entro en la cocina y le pido a Clementine que me prepare algo para cenar. Mi ama de llaves lleva conmigo los tres últimos años y lo cierto es que es un activo imprescindible en mi vida, sin ella mi casa sería un caos total.

Me siento delante del ordenador, tengo emails que responder, asuntos de los que ocuparme y concertar varias citas para las catas que tenía previstas, pero tras observar la pantalla durante más de quince minutos sin hacer absolutamente nada, me doy por vencida y me siento en el sofá… lo mejor será que por esta noche me lo tome con calma, cenaré viendo una película y me iré a dormir temprano, así quizá mañana me levante con ánimo para ir a montar a caballo… o para pasear por la playa. Y el paseo no tendría nada que ver con cierto hombre. Absolutamente nada.

Intento concentrarme en la cena, en la tele… incluso le pido a Clementine que se siente a cenar conmigo y me de conversación. Pero nada surte efecto. No puedo quitarme de la cabeza el cúmulo de sensaciones que fluctuaban por mi cuerpo durante los escasos segundos que pasé con Aaron.
¡Oh por favor! ¡Si tan sólo fueron unos instantes! Sí, pero qué instantes… vaya por Dios… y yo pensando que mi conciencia se había vuelto muda.

Finalmente me meto en la cama tras una larga y caliente ducha, sí. Eso es lo mejor.
Cierro los ojos totalmente concentrada en dormir, dormir y descansar. Mañana va a ser un día realmente agotador y necesito recargar energías.

Unas manos grandes, fuertes y calientes me recorren los muslos hacia la cadera arrastrando el fino camisón con ellas, la caricia es posesiva, intensa, sensual. De repente unos labios se apoderan de mi boca y el tacto es como la caricia, sin duda un anticipo de lo que vendrá a continuación, una lengua húmeda y exigente invade mi boca, explora, busca, encuentra y conquista, busca mi rendición y la obtiene. Todo lo que me rodea me altera y me excita de formas que nunca había sentido.

— Aaron — susurro totalmente en éxtasis
— Shhh, lo sé cariño. Tú sólo disfruta — oh… esa voz

Siento como unos dientes marcan un camino desde debajo de mi oreja hasta mi pecho, suaves y delicados pero a la vez terriblemente eróticos.

Los labios calientes me besan con ternura mientras esas manos recorren todo mi cuerpo, ascienden por mi costado, suben por mis brazos y sus dedos se entrelazan con los míos, mi cuerpo se arquea por las pequeñas explosiones de placer, el cuerpo de Aaron me bloquea los movimientos y se prepara para darme más placer, para darme lo que más necesito en estos momentos, me abre las piernas con su rodilla y rápidamente se pone entre mis piernas…
¡Oh sí! Gemiría de auténtico placer si su boca no estuviese cubriendo totalmente la mía.

Bip, bip, bip…

¿Qué? necesito varios segundos para darme cuenta de que lo que suena es mi teléfono. Lo miro y tengo que obligarme a bajar la mano sin lanzarlo contra la pared.
Me froto los ojos y suspiro. No me lo puedo creer. El mejor sueño de mi vida y me interrumpe mi hermana pequeña.

— Dime Charlotte — digo intentando controlar mi voz
— Querría pasar unos días contigo antes de volver a Suiza ¿te parece bien?
— ¿Pero no estabas con mamá en Nueva York?
— Tú lo has dicho… estaba…
— Algún día tendrás que hacer las paces con ella
— Algún día… — cierro los ojos y me doy por vencida
— ¿Cuándo llegas?
— Mañana por la mañana, pero no hace falta que vayas a buscarme, ya llegaré yo
— Charlotte…
— Iré sola te lo prometo
— Muy bien, nos veremos mañana

Tras colgar el teléfono me dejo caer en la cama.

¡Qué calor tengo! Estoy acalorada, me siento arder las mejillas y aún me tiemblan las manos y las piernas y todo eso a pesar de la conversación con mi hermana pequeña… ha sido el sueño más intenso y vívido que he tenido nunca. ¡Qué barbaridad!

CONTINUARÁ…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha